La dieta macrobiótica

Dieta macrobiótica

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¿Qué es y cómo se originó la dieta macrobiótica?

 

La palabra “macrobiótica” proviene del griego “macro” (grande) y “bio” (vida), y fue popularizada por el japonés George Ohsawa en el siglo XX, en la cual poco a poco ha captado la atención de personas alrededor del mundo.

 

La dieta macrobiótica se basa en el principio del equilibrio del yin y el yang en los alimentos y su influencia en nuestro bienestar. Según Ohsawa, los alimentos también tienen energía, y es importante elegir los que estén en equilibrio para mantener la salud.

 

Esta dieta es más que un simple régimen alimenticio; es una filosofía de vida que busca armonizar el cuerpo y la mente a través de la alimentación equilibrada y consciente.

¿En qué consiste?

La dieta macrobiótica se centra principalmente en alimentos integrales, frescos y mínimamente procesados. Los componentes básicos incluyen granos enteros, vegetales, legumbres, algas marinas, y una cantidad limitada de pescado y mariscos. Los productos lácteos, la carne roja, los azúcares refinados y los alimentos procesados están generalmente excluidos.

 

Por otro lado, es permitido aderezar y sazonar los alimentos, pero con ciertas reglas y moderaciones. Se recomienda el uso de ingredientes naturales y equilibrados (jengibre, miso, gomasio,aceite de sésamo, salsa soya natural…), evitando productos artificiales o muy procesados, como los vinagres fuertes, salsas muy azucaradas (ketchup, barbecue), aceites refinados y los condimentos artificiales, como los potenciadores de sabor (glutamato monosódico) y colorantes artificiales.

¿Cómo se realiza?

Principalmente se realizaba en 10 etapas, con cada etapa más restrictiva que la etapa anterior. La etapa final consistía solamente en arroz y agua. Sin embargo, esta dieta ha sido modificada a través de los años y ahora se distribuye de la siguiente manera:

 

  1. Vegetales: Representan el 25-30% de las comidas diarias, ya sea cocidos, al vapor, al wok o crudos.
  2. Sopas: Elemento esencial, destacando especialmente las sopas de miso por su aporte de probióticos y enzimas digestivas.
  3. Granos integrales: Constituyen el 50-60% de la dieta diaria e incluyen arroz integral, cebada, avena, maíz y quinoa.
  4. Legumbres y productos de soja: Representan el 5-10% de la alimentación e incluyen frijoles, lentejas, garbanzos, tofu y tempeh.
  5. Alimentos adicionales: Se incorporan pescados, frutos secos, semillas y frutas de manera ocasional.

Estudio 

Principios de la dieta macrobiótica

Aparte de basarse en alimentos integrales y naturales, también los principios más fundamentales son:

 

  • Alimentos de temporada: La macrobiótica recomienda consumir alimentos de temporada y locales, ya que se cree que son más nutritivos y están más en armonía con el entorno.
  • Masticación adecuada: Enfatiza la importancia de masticar bien los alimentos, la cual ayuda a una mejor asimilación de los nutrientes y además mejora el proceso digestivo general, reduciendo problemas como la acidez o la hinchazón.
  • Moderación: Esta dieta recomienda comer con moderación y evitar los excesos. Comer de forma equilibrada y consciente no solo beneficia la salud física, sino que también promueve un estado mental más tranquilo y centrado.

¿Es recomendada o no?

Aunque la dieta macrobiótica está compuesta por alimentos de temporada, integrales y sin procesar, es una dieta restrictiva donde se excluyen grupos de alimentos que no solo son saludables sino que son una fuente importante de nutrientes. Por ejemplo, las carnes rojas de origen ecológico o de pastoreo son una fuente espectacular de proteínas de calidad para nuestro organismo, hierro hemo, vitamina B12, otras vitaminas del grupo B como la vitamina B6, niacina y riboflavina, omega 3, vitamina E y glutatión que son potentes antioxidantes (ayudan a combatir el estrés oxidativo y el envejecimiento celular) y ácido linoleico conjugado (CLA) → Un tipo de grasa beneficiosa con propiedades antiinflamatorias y que puede ayudar en la composición corporal.

 

Por otro lado, los lácteos de calidad también nos aportan proteínas, calcio, fósforo y magnesio, que además se absorben de una forma óptima con la grasa presente en estos alimentos, además, los lácteos obtenidos de animales de pastoreo son una fuente de vitamina D y K. 

 

Y por último, pero no menos importante, los pescados, especialmente si son salvajes, son una fuente de omega 3, selenio, yodo y otros minerales.

 

Dicho esto, podemos comprender la importancia de llevar una alimentación variada (siempre que podamos) para asegurar un correcto aporte de nutrientes.

 

También debemos considerar que es muy delicado aplicar una dieta macrobiótica generalizada en pacientes con ciertos tipos de cáncer y mujeres embarazadas o lactantes.

Si has probado distintas dietas y ninguna te ha funcionado, ¡no dudes en escribirme!

Alessandra Eminente

Nutricionista – CV01657

Con la colaboración de Ainhoa Cerezo, estudiante de Nutrición.