Aunque la dieta macrobiótica está compuesta por alimentos de temporada, integrales y sin procesar, es una dieta restrictiva donde se excluyen grupos de alimentos que no solo son saludables sino que son una fuente importante de nutrientes. Por ejemplo, las carnes rojas de origen ecológico o de pastoreo son una fuente espectacular de proteínas de calidad para nuestro organismo, hierro hemo, vitamina B12, otras vitaminas del grupo B como la vitamina B6, niacina y riboflavina, omega 3, vitamina E y glutatión que son potentes antioxidantes (ayudan a combatir el estrés oxidativo y el envejecimiento celular) y ácido linoleico conjugado (CLA) → Un tipo de grasa beneficiosa con propiedades antiinflamatorias y que puede ayudar en la composición corporal.
Por otro lado, los lácteos de calidad también nos aportan proteínas, calcio, fósforo y magnesio, que además se absorben de una forma óptima con la grasa presente en estos alimentos, además, los lácteos obtenidos de animales de pastoreo son una fuente de vitamina D y K.
Y por último, pero no menos importante, los pescados, especialmente si son salvajes, son una fuente de omega 3, selenio, yodo y otros minerales.
Dicho esto, podemos comprender la importancia de llevar una alimentación variada (siempre que podamos) para asegurar un correcto aporte de nutrientes.
También debemos considerar que es muy delicado aplicar una dieta macrobiótica generalizada en pacientes con ciertos tipos de cáncer y mujeres embarazadas o lactantes.